Isabella se despertó temprano, con la luz del amanecer, colándose por las cortinas de su habitación. Había pasado una noche inquieta, atormentada por pensamientos que no podía controlar. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Diego y recordaba las palabras que le había dicho antes de irse: “Lo que pasó entre nosotros fue un error, Diego. No puede volver a ocurrir.”
Esas palabras la habían perseguido desde entonces, no porque no estuviera de acuerdo, sino porque sabía que eran verdad.