El aire en la mansión de Khalid estaba cargado de tensión, como si el tiempo mismo se hubiera detenido en el instante en que Diego cruzó la puerta. Khalid lo esperaba en el vestíbulo, su rostro serio y su postura rígida. Había advertido a Diego más de una vez que no alterara a Isabela, que fuera cuidadoso con sus palabras, pero sabía que cualquier cosa que Diego dijera tendría un impacto devastador. Lo veía en los ojos de Diego: una mezcla de arrepentimiento, desesperación y un orgullo que luch