—...Bien.
Recibiendo esa respuesta, Sabrina dejó caer sus manos sin fuerza. Esas pocas palabras habían agotado todo su vigor.
Mientras Antonio se preparaba para bajar las escaleras, la puerta del dormitorio fue empujada desde afuera.
Al siguiente momento, Francisco entró con una actitud distante y altiva.
Había empezado a llover, y Sabrina no había llevado su teléfono. Francisco, preocupado por ella, la había seguido.
Fue entonces cuando vio a un hombre llevándola hacia un auto.
El que se