Al oír un ruido, Sabrina se dio la vuelta, con la cara mojada.
—Buenos días. —Francisco se acercó, y le pasó una toalla seca.
Sabrina asintió y se secó la cara, —Mi pijama está sucio, así que cogí tu ropa.
Francisco la abrazó y la besó, —Te queda bien, puedes ponerte mi ropa siempre.
Sabrina le empujó, —¡Qué va!
Francisco miró a Sabrina, —He hecho una lista, puedes echarle un vistazo más tarde. Si te parece bien, iremos juntos al centro comercial después de cenar.
Sabrina lo mira con curio