Aunque no pudiera verlo, Sabrina supo que le ataron una bomba a la cintura.
Sabrina mantenía tranquila, sin atreverse a actuar precipitadamente.
No esperaba que esos bandidos prepararan bombas.
Después de una hora, llegaron a un lugar.
Los bandidos bajaron para investigar los alrededores.
—Jefe, la policía no nos persiguieron.
—¡Vámonos!
Cambiaron de vehículo y continuaron su huida.
Sabrina oyó alejarse el coche, empezó a intentar desatarse las manos y lo consiguió.
Sabrina se quitó la