Una criada bajó y lo dijo en ese momento.
Sofía dejó apresuradamente el teléfono móvil y subió corriendo con Hernán para ver a Francisco.
Francisco todavía estaba en un estado maníaco después de horas de sueño.
Le dolía la cabeza y estaba a punto de explotar en ira.
Sofía preguntó preocupada: —Hermano, ¿estás bien?
Hernán le consoló: —Francisco, cálmate. Augusto y yo estamos heridos. Ya no podemos luchar contra ti.
—He contactado con Paul, llegará mañana. —Augusto dijo.
Francisco controló su ira