Francisco se sentó lejos de ella, dio un sorbo a su café y miró con indiferencia a Ana, —¿Crees que me superará Alejandro? Mamá, ¿tan poca fe tienes en mí? ¿O lo sobrestimas?
Ana se puso rígida.
Francisco le advirtió: —¡Lo que tengo ahora no me lo puede quitar Alejandro!
«Lo único que puede quitarme es lo que no necesito.»
Ana pensó, «¿Quién eres tú? Alejandro es mi verdadero hijo, no tiene que hacer nada, ¡todo le pertenece!»
—Francisco, sé que eres muy capaz, pero tu papá ya lo presentó a