Ana llevó una caja de pasteles a la Villa Real por la mañana después del desayuno.
Pensó que a Francisco le habían gustado, así que hizo que alguien fuera a comprárselas.
Ana llegó a la villa fingiendo amistad.
—Mamá, café, mi hermano bajará enseguida.
Ana era impaciente, esperó a Francisco un rato. Si hubiera sido antes, habría mostrado su impaciencia, pero ahora tenía que ocultar su enfado.
Sofía observaba a Ana y pensó que hoy estaba rara.
Ana dio un sorbo a su café y preguntó a Sofía: