Ana llegó a casa enfadada y fue directa a ver a Alejandro.
—Alejandro, ¿cómo estás hoy? ¿Todavía te duele?
Mirando a su hijo herido, Ana odiaba aún más a Francisco.
—Mamá, estoy bien.
Alejandro se sentó en la cama, dejando el portátil.
—¿Has ido a ver a mi hermano por la mañana?
Ana se quejó enfadada, —¡No le menciones, es un cabrón sin corazón!
Alejandro sonrió, —Mamá, ¿por qué no le pides a papá que no me traspase sus acciones? Seguro que mi hermano está enfadado por eso.
Ana frunció e