Francisco esperó a que continuara.
—Bueno —sonrió Alejandro—, conozco a Isaac. Y da la casualidad de que sabe de mi relación contigo. Tu gente lo tenía acorralado y no tuvo más remedio que acudir a mí en busca de ayuda. Pero yo no hago negocios que cuesten dinero. Quería que le salvara a cambio de ese vídeo.
Tras una pausa, Alejandro continuó: —Siempre pensé que nunca te gustaría de verdad otra persona, pero nunca esperaba que te enamoraras de Sabrina.
—Alejandro, si le haces daño a Sabrina,