«¿Cómo se atreve a tachar de falsos mis sentimientos por él?»
Sabrina se quedó inmóvil hasta que oyó el portazo. Para entonces Francisco se había marchado y ella era la única que quedaba en la habitación.
Se hizo el silencio.
Sabrina miró la natilla que Francisco le había preparado sobre la mesa y sintió ganas de llorar.
«Francisco, maldito, ¿por qué dijiste que mis sentimientos por ti eran falsos?»
—¡Cabrón!
Francisco volvió a la Villa Real y se quedaba en la piscina nadando para calmarse