Sabrina se quedó perpleja.
Martín añadió: —Sabrina. Ya que estás divorciada, creo que puedo perseguirte.
Sabrina miró incrédula a Martín, —¿Qué?
Martín asintió, —Todo hombre tiene derecho a perseguir a una bella soltera.
—Cof, cof... —se sorprendió Sabrina.
—Martín. No bromeas.
—Sabrina. Lo digo en serio.
Martín miró seriamente a Sabrina, —En realidad, fui yo quien le dijo a tu abuelo que me gustabas, así que tu abuelo creó una oportunidad para nosotros hoy.
Sabrina no pudo creer, «Así e