Sabrina se despertó a la mañana siguiente y no vio a Francisco en su dormitorio.
Después de lavarse, Inés, la criada le trajo el desayuno.
Terminó su desayuno y empezó otra inyección.
Sabrina miró hacia la puerta del dormitorio y quería preguntarle a Rahman, pero le dio vergüenza hacerlo.
—Descansa. ¡Francisco se fue anoche!
Rahman se sentó en el sofá con las piernas cruzadas, incapaz de soportar aquella mirada.
Sabrina se puso un poco decepcionada, —¿Ha vuelto a Madrid?
—¿Qué te parece?