Llegué hasta su puerta; ella se hizo a un lado para dejarme pasar.
—¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que tendrías que estar en el aeropuerto — cuestionó
—Podrías darme algo con qué secarme y después me reclamas —exclamé; mi ropa estaba toda mojada.
—¡Ven, acompáñame al baño! —Ella abrió la puerta e ingresé. —Ahí encontrarás toallas, quítate la ropa y buscaré algo seco para que te pongas. A los pocos segundos que Génesis salió, me desnudé de inmediato; mis zapatos, los más costosos, estaban