Mis nervios estaban a flor de piel, ya que el momento se sentía más cerca. Nos hicieron pasar a un pequeño salón; allí se encontraban varios hombres de edad mayor. —Buenas tardes. —saludé. Todos respondieron con las mismas palabras.
—Solo vamos a esperar a nuestro presidente —mencionó uno de aquellos hombres. Tomamos asiento con Ethan hasta el frente. A los pocos minutos, un hombre bastante elegante con una chica muy hermosa entraron al lugar.
—Buenas tardes, soy Carlos Nuñez y mi hija Dalia