Noha
Leyla dormía a mi lado. Semidesnuda. Con el pelo desparramado sobre la almohada, los labios entreabiertos y una pierna fuera de las sábanas que parecía puesta ahí por el mismísimo demonio para recordarme que yo era un hombre con límites y que todos esos límites acababan de irse al carajo. Algo tenía esa bebida, lo supe cuando ví que le entregaron la copa en sus manos.
Me quedé boca arriba, mirando el techo, con las manos entrelazadas sobre el pecho y una situación debajo de las sábanas que