Ethan
Llegue a casa de los Anderson.
Toqué el timbre. Dalia abrió.
—Hola Dalia. —saludé.
No dijo nada. Se hizo a un lado y me dejó pasar.
—Mi padre está en su oficina. —me indicó. Sin darme la posibilidad de entablar una conversación con ella.
Caminé por el pasillo hasta llegar a la oficina del padre de Dalia.
Cuando entré, levantó la mirada de unos documentos y se quitó los lentes. No sonrió, pero tampoco mostró hostilidad. Era un hombre de negocios. Y los hombres de negocios saben que la