Capítulo 31

Saravi.

Sin poder controlarlo, el llanto sale de mí sin reparo, ¿por qué? ¡¿Por qué?!

Unas manos cálidas se unen las mías, mientras agachado centra su mirada en mí con el ceño fruncido —y preocupado—. A pesar de su rabia, a pesar de su decepción, hay cierta preocupación en el rey ante mi inestabilidad.

—Ven, levántate del suelo —dice tratando de acomodar mi cuerpo junto al suyo.

Entonces yo niego varias veces que

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