Capítulo 40

Kalil.

El corazón se me comprime y me estalla en mil pedazos, todos tienen razón, todos. Pero mi corazón no soporta la idea de dejar a Saravi aquí, no resiste la idea de tener que tomar esta decisión. Trato con todas mis fuerzas de no mirarla, porque de lo contrario no resistiría este momento.

—Entonces vamos —dictamino casi en susurro mientras todos preparan los caballos y comienzan a dividirse.

Basim coloca la mano en mi hombro y luego da las órdenes a quienes se irán a la aldea y los que se unirán a nosotros para cabalgar lo más rápido posible al palacio.

Entonces, entonces la divisó a ella de nuevo.

Saravi está de pie atendiendo las indicaciones de Basim, mientras se seca las lágrimas que se escurren por su bello rostro. A pesar de las condiciones y las escasas comodidades, su rostro sigue igual de bello al verlo.

Me acerco lentamente mientras tomo sus manos, acto que la perturba en dema

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