Gonzalo miró a esa joven con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa, a esa persona a la que tanto había amado.
—Papá, me alegro de que estés bien. ¡No sabes cuánto me he preocupado por ti estos días!
Luna lloró frente a la cama durante un buen rato sin obtener respuesta, lo que la confundió un poco. —Papá...
Ramón, conteniendo el profundo odio en su corazón, habló con voz calmada: —Hermana, papá está muy débil ahora.
—Papá, entonces descansa bien, no te preocupes por nada, que aquí estoy yo pa