Paloma tomó asiento y las luces en la sala se atenuaron. Yolanda bajó la voz y amenazó: —Paloma, no te pases de la raya.
—¿Ah, sí? ¿Consideras que esto es pasarse de la raya? Yo pensé que revelar tu identidad de amante sería lo verdaderamente atrevido.
La tenue luz caía sobre el pálido rostro de Yolanda, haciendo que pareciera aún más pálida. Paloma, por otro lado, sonrió con satisfacción: —Me encanta cuando no puedes soportar mi presencia y no puedes hacerme daño. Yolanda, todas las cosas que h