El tío Mendoza no tuvo tiempo de darles más explicaciones y se levantó para marcharse.
Lunia lo miraba preocupada, pero Solaris no la miraba a ella, sino que se quedó mirando la última pieza que el tío Mendoza había colocado en el tablero de ajedrez.
Sabiendo que era un callejón sin salida, Tío Mendoza dio un paso adelante.
Esta partida estaba condenada, sin importar cómo se jugara.
—Hermano...
Solaris había oído hablar de los piratas de boca de Hernán. Eran despiadados y malvados.
No tenían esc