El hombre soltó una fría risa antes de agarrar bruscamente su muñeca y cargarla en sus brazos.
El movimiento carecía de cualquier amabilidad y estaba impregnado de irritación, con su brazo apretándose firmemente alrededor de sus piernas.
Clara, instintivamente, movió sus dedos y accidentalmente rozó su cuello. Sobresaltada, retiró rápidamente la mano, pero el calor residual permaneció en sus yemas.
—Diego, suéltame. —Clara intentó forcejear pero no pudo moverlo ni un ápice.
La única opción que l