Clara miró fríamente. —¿Es la decisión suya, verdad?
—Sí, él no quiere dejar nada al azar. Las células cancerígenas en tu cuerpo se están propagando rápidamente, es una medida desesperada.
La quimioterapia era como un juego de azar: si ganaba, tendría un buen efecto en la inhibición del tumor, pero si perdía, moriría más rápido.
Lo peor era que antes de morir, sufriría los tormentos de los efectos secundarios.
Luis humedeció sus labios y explicó con cuidado: —Él quiere que sigas con vida, Clara.