Él soltó lentamente su cuerpo y le dijo: —Clara, recuerda bien el castigo de hoy.
—Diego, te lo ruego, cualquier cosa que tengas contra mí, por favor, no tomes represalias contra la familia León.
—Diego, déjame salir, no me dejes sola, tengo miedo.
—Diego, apaga la ducha, tengo frío, no puedo enfermarme...
Las respuestas de ella solo eran la indiferente espalda de Diego y el sonido de la puerta cerrándose.
—No me abandones.
—Lo siento, puedes torturarme como quieras, pero no puedes dejarme aquí