Lucas, a pesar de rascarse la cabeza, no lograba entender cómo un árbol tan normal podía molestar a Diego.
¿Acaso Diego chocó contra el árbol mientras paseaba?
Diego no era alguien quien solía buscar problemas.
Ni siquiera un niño podría tener problemas con un árbol.
Esto no encajaba en la personalidad de Diego.
Él sabía que las personas podían tener odio entre sí, pero nunca había oído hablar de tener odio hacia un árbol.
Fernando agarró a Lucas y le susurró: —Haz lo que se te dice, ¿entendido?