Los cálidos rayos del sol se derramaban a través de las enormes ventanas, iluminando la lujosa cama de estilo europeo.
Recostada en la cama, la mujer tenía una piel tan blanca como la nieve, rasgos delicados que la hacían tan hermosa como Blancanieves.
Quizás sintió que la luz del sol era demasiado brillante, ya que frunció el ceño al despertar de su sueño.
Recién despierta, su mente estaba en blanco, acompañada de un ligero dolor.
Era como si algo le hubiera arrebatado todo de su mente, dejándo