Diego apretó ligeramente su mano y el cuerpo de Clara se pegó al suyo.
El hombre, recién salido de la ducha, avanzó hacia ella, llevando consigo el vapor de agua que cubría su cuerpo, con el persistente aroma del gel de baño en el aire.
La palma delicada de Clara descansaba en su pecho, sintiendo el calor intenso que emanaba de él, haciéndola sentir un poco incómoda.
Sus labios susurraron suavemente en su oído, —Tienes un lunar en el interior de tu muslo.
Con el fresco aroma a menta esparciéndos