Clara miró perpleja a la anciana, cuyo rostro estaba cubierto de arrugas y sus ojos parecían nublados.
Sin embargo, su expresión en ese momento era especialmente emotiva, su boca arrugada no dejaba de balbucear.
—Abuela, ¿me está hablando a mí?
—¡Sí, es usted! ¡Es usted! —La anciana agarró emocionada la mano de Clara, su piel parecía la corteza de un árbol seco, causándole un ligero dolor en la mano.
Clara se sorprendió de que esta persona le estuviera hablando de manera respetuosa, a pesar de s