Clara finalmente comprendió por qué Diego estaba tan seguro de encontrarla. Aunque Claudio no podía hablar, no era tonto. Después de vivir en la isla durante una semana, conocía el lugar.
Entonces, Diego no necesitaba desperdiciar tiempo buscando isla por isla. Solo tenía que encontrar la isla que emocionara más a Claudio.
En este momento, Claudio aún no había bajado del helicóptero, pero ya agitaba sus pequeños brazos y piernas, gritando sin parar: —Mamá, mamá, hermano, gato...
Enumeraba todas