Después de unos momentos, Clara marcó el teléfono de Suriel, mientras se dirigía al baño.
—Hermano Suriel, ¿cómo van las cosas?
La voz de Suriel sonaba preocupada. —No muy bien, cuando llegué me enteré de que el brazo de hermano Ramón resultó gravemente herido, y hermana Luna está todo ensangrentada y inconsciente.
Clara frunció el ceño. —Justamente el brazo, él es diseñador, si pierde el brazo, seguro que se volverá loco.
Suriel podía entender perfectamente ese sentimiento, pues él mismo había