Tania acarició la mano de Mateo y le dijo: —Mateo, sé que te preocupas por mí. Estos años has conseguido tantos médicos renombrados, pero lamentablemente los resultados no han sido buenos. Me temo que mis ojos...
—Tía, no diga esas cosas tan desalentadoras. Usted seguro que se recuperará.
—Siéntate y bebe un poco de agua.
Tania tomó el vaso de agua. —Mateo, gracias por venir a verme con tanta frecuencia. Si no fuera por tu compañía, no sé cómo habría sobrellevado estos días.
—Tía, poder cuidar y