Ezequiel tenía una buena tolerancia al alcohol, pero hoy parecía estar borracho.
Clara lo ayudó a acostarse en la cama mientras él aferraba su mano con fuerza.
—¡Suelta, te advierto que no te aproveches de la situación! —advirtió Clara severamente.
Ezequiel tenía las mejillas sonrojadas y murmuraba: —Doctora Suárez, de verdad me gustas mucho, ¿me das una oportunidad?
—Lo siento. —Clara separó sus dedos uno a uno y, sin expresión en el rostro, salió de la habitación.
En comparación con Ezequiel,