Clara no dudó ni un instante y, apoyándose en Joaquín, trepó rápidamente por el conducto.
El conducto era lo suficientemente amplio como para que un hombre adulto pudiera reptar, aunque estaba lleno de polvo y nadie lo limpiaba. Pero Clara no se detuvo a pensar en eso.
Solo tenía una cosa en mente: escapar. Sus hijos la estaban esperando.
Afortunadamente, esta zona era caótica y había numerosas facciones. Joaquín solía hacer trabajos clandestinos para la familia Guzmán, y en colaboración con un