Pera miraba a Isolda incrédula: —Señora, ¿qué estás diciendo?
Isolda, con lágrimas en los ojos, respondió: —Suena increíble, pero es posible que seas mi hija.
Explicó toda la historia y luego llamó a un médico para realizar una prueba de paternidad.
Después de escuchar todo, Pera todavía no podía creerlo. Se sentía como si estuviera en un sueño, con la cabeza confusa.
¿Cómo podía ser la hija de Isolda? Hasta que no obtuviera los resultados, Pera no se atrevería a creer en ese hecho.
Isolda estab