—Sí, si no me equivoco, después de intercambiar a la niña, Úrsula la llevó de vuelta a su casa y la dejó al cuidado de su madre, administrándole veneno todos los días para simular una enfermedad y su eventual muerte.
—No es de extrañar de que Pera decía que siempre tenía hambre pero siempre tenía una botella de leche. Parece que ese veneno estaba mezclado en la leche.
Joaquín apretó los puños. —Ese año, cuando hubo la gran inundación, su abuela la engañó para que volviera a casa para buscar algo