Carlos no sabía cómo responderle. Aunque Clara estaba ocupándose de los arreglos para el gato, su mirada perdida en el vacío le hacía sentir que Clara estaba planificando su propio futuro.
—Hermana Clara, entiendo.
—En el patio, el árbol más grande, en invierno, las flores de ciruelo cubren las ramas, perfumando el aire con su aroma dulce y yo la espero allí.
La palabra esperar no llevaba a nadie a pensar en la muerte.
—De acuerdo, Hermana Clara, cuando tenga tiempo, también vendré a visitarla.