87. Inesperado
El padre de Anika permaneció en silencio con la mano colocada en el pecho. Por un momento pensó que le daría un infarto, pero respiró profundo e intentó calmarse para no hacer un escándalo y dañar la reputación de su hija.
— Señor, yo, lo siento tanto, debí hacer las cosas formalmente y no permitir que se enterara así.
— Salgan, por favor, en silencio, no es el momento en el lugar de aclarar nada.
— Papá, estoy tan avergonzada—. Anika comenzó a salir, pero Alex la tomó de la mano en señal de