Nos miramos el uno al otro durante unos segundos. Luego tira de la sábana. Lo ataco para apartar sus manos cuando intenta sacarla de mis pechos, pero me agarra las muñecas.
—No me toques. —Me estremezco.
Él, sin embargo, aprieta su agarre en mi muñeca y baja la cabeza para presionar sus labios contra mi oreja.
—Puedo tocarte cuando yo quiera, Principessa. Me perteneces. Lo acabas de decir tú misma. Eres parte de los activos. Recuerdas haber firmado, ¿verdad?
Enfurecida, trato de apartar mi ma