Cuando llegaron al pequeño embarcadero, Tigran amarró hábilmente el bote y saltó de inmediato para ayudarlos a salir del mismo. Velkan y Tamar sacaron sus cosas de la embarcación y se prepararon para buscar un lugar donde refugiarse, pero Tigran hizo un gesto para que se detuvieran.
—Quédense aquí —les dijo— Yo me acercaré a un hostal que está algo cerca, para ver si pueden alojarlos, no tardaré mucho tiempo.
Uniendo la acción a la palabra, Tigran dio media vuelta y se perdió por las calles de