—Tienes la tensión un poco alta —le dijo Tamar— y también el pulso un poco débil. Te daré algo para que te sientas mejor.
Ella volvió a buscar con cuidado en su bolso de donde extrajo un par de píldoras, se las dio junto con la botella de agua y esperó a que se las tomara.
—En un rato te sentirás mejor, ¡ya verás!
Velkan decidió hacerle caso pese a que no se sentía muy mal, pero si tenía una extraña sensación en el cuerpo y la cabeza la sentía un poco pesada. Se recostó en el suelo y descansó l