—Comandante, necesitamos organizar una batida para encontrar a ese miserable americano (a Velkan siempre lo confundían con un americano)
—Está bien general, organizaré de inmediato a un pelotón de soldados para que se preparen para seguirlo.
—Bien, comandante —le dijo con su voz acerada y dura— No quiero que me falle otra vez, si no consideraré que usted no está preparado para el mando que ostenta.
Un frío como el acero de una espada recorrió su espina dorsal. Sabía que él general Karaeva era t