27. Un Destino y Dos Vidas
Narra Alex...
Llegamos a la casa y la veo con el semblante pálido y la pierna temblando debido al dolor. Por un momento, sentí nuevamente el miedo de perderla. Por más entrenamiento que ella se someta, no quiere decir que sea inmune a la muerte.
La tomo en mis brazos y la llevo hasta mi despacho. La hago sentar en el sofá para luego tomar el botiquín de emergencia.
— ¡Sácate la ropa! — Ella abre los ojos como platos.
— ¿Es broma, no? — pregunta en tono inseguro.
— ¡No, no lo es! Vamos, es para