—¡Me rindo! —dijo Clara de repente.
Johan quedó sorprendido. Todos estaban sorprendidos.
Clara, sosteniéndose el estómago y con aspecto preocupado, le dijo al árbitro:
—Antes de venir comí queso, y ahora me duele el estómago. Necesito ir al baño. Considera esta pelea como mi derrota. Más tarde le pagaré los tres millones a él.
Clara, sin dar oportunidad al árbitro o a Johan de hablar, se tomó el estómago y corrió hacia el baño.
En el ring, a menos que uno se rinda, la pelea no se detiene. I