Ania notó el cambio de humor en Felipe, frunció el ceño y volvió la cabeza hacia la dirección de Emiliano, donde vio a Clara, aunque solo pudiera ver sus orejas y la parte posterior de su cabeza. Aunque Ania no conocía a la mujer, su corazón dio un vuelco. Una sensación extraña le recorrió el corazón, agitando las tranquilas aguas de su ser. La persona en su línea de visión la hizo sentir incómoda, como si fueran enemigas predestinadas.
Si solo quedaran las dos, Ania no dudaría en matarla. Esta