Sotiria llegó al segundo piso.
Estaba a punto de abrir la puerta de la sala del segundo piso y entrar cuando de repente recordó la advertencia de la criada: no se le permitía ir al tercer piso. Esto despertó su curiosidad.
Miró hacia abajo y vio a la criada sentada en el sofá y quedándose dormida. Así, caminó de puntillas hasta el tercer piso.
Zenios, que había visto a Sotiria deslizarse hasta el tercer piso, sacudió la cabeza. No podía molestarse en entrometerse.
La puerta del tercer piso e