―¿Eres tú, Rachel?
Sonrío y asiento en respuesta.
―Sí, Lud, soy yo, he vuelto a ti, estoy viva.
Corresponde con una sonrisa radiante. En un par de zancadas se acerca y me estrecha entre sus brazos. Aspiro el delicioso aroma de su perfume que se cuela por mis fosas nasales y revoluciona mis hormonas enloquecidas. No me había dado cuentas hasta ahora lo mucho que extrañé su delicioso olor a hombre y virilidad.
―No sabes lo feliz que me hace saber que estás viva, Rachel ―ahueca mi rostro entre sus