Solo el abuelo hacia tremenda parranda por un bautizo, aunque la pasábamos muy bien. La festejada hace horas estaba durmiendo.
—Bodoque voy al baño.
No he dejado de bailar. Estamos en el kiosco, antes de llegar al baño unas voces llamaron mi atención. Al acercarme a la sala, Betty lloraba, iba a entrar a preguntar que le pasaba, pero Ricky habló.
—No me hagas sentir como el malo porque no puedo corresponderte.
—Entonces, ¿por qué me tratas tan especial?
—Porque eres mi amiga.
—Perdóname, pero n