La tarde la pasamos entre sentimientos agradables y otros tirantes, odio las películas de miedo, a Dylan le causan risa mientras que a Ricky y a Betty le agradan, pasé gritando, con los ojos cerrados, refugiándome en los hombros de mi mejor amigo. En la vida me vuelvo a ver una vaina de esas. ¡Nombreeee! No vuelvo a ser masoquista.
—Hoy dormirás conmigo.
Le susurré en el oído lo que él sin ningún problema afirmó, después de tocar en el bar llegará a mi habitación por la ventana.
—Miedosa, no ha