En ese instante un torbellino de sentimientos me abordó, me ahogué sin poder hablar, lo intenté en varias ocasiones, pero no pude, solo era un torrente de lágrimas. Muy en el fondo quería hacerlo, pero por respeto o no sé por qué no lo hice.
—Acá te espero, Cielo. Tomate el tiempo que necesites.
Abracé a Rafael y lo llené de besos para finalmente besarlo con desespero sin importar mis lágrimas.
» Te amo Sabanera. —Lo abracé más fuerte.
—Eres perfecto. —sonrió.
—Necesito que estés tranquila, amo